Iryna, gerente de dos franquicias Nails Factory

A esta ucraniana de nacimiento, y española por afinidad, le gusta definirse como «una pequeña empresaria hecha a sí misma». Y es que llegó a España en 2004, con 18 años recién cumplidos, para estar junto a su madre que residía en nuestro país, «pero sin conocer el idioma, y a “buscarme la vida”, por así decir. Al no tener “papeles”, no me quedaba más remedio que trabajar limpiando casas». Y lo hacía sin ningún problema, aunque reconoce que, como La Cenicienta de Disney, su sueño desde pequeña era el mundo de la estética y la belleza. Hoy, Iryna Kozlinska es propietaria de dos centros Nails Factory, situados en las localidades madrileñas de Parla (en el centro comercial El Ferial, c/ Pinto, s/n) y Valdemoro (en el centro comercial El Restón, Avda/ Mar Mediterráneo, 3), y ya está dándole vueltas a la idea de poner en marcha un tercero.

Nails Factory (NF): Cuéntanos, ¿cómo acabaste haciendo realidad tus deseos?

Iryna Kozlinska (IK): En realidad, por libre, en casa, ya me maquillaba las uñas y probaba cosas nuevas, pero con esmaltes normales. Nada que ver con la calidad de los productos que empleamos en Nails Factory.

Fue mi madre la que me aconsejó que me dedicase a estudiar estética de manera reglada, oficial. De modo que estuve en una conocida academia de Leganés, durante dos años, yendo a clase por las tardes y trabajando de camarera por las noches.

Así que sí, en cierto sentido se puede decir que estoy hecha a mí misma .

NF: ¿Y cuándo cambias al mundo de la estética y la belleza?

IK: Pues en 2007 empecé a trabajar ya en un centro de Majadahonda, como esteticista.

Y en 2008 entré a formar parte de la familia Nails Factory, cuando todavía su fundadora, Yolanda Beltrán, estaba todavía al frente de uno de sus establecimientos, e incluso podía decirse que pasaba casi el mismo tiempo realizando servicios a ciertas clientas de siempre, que dirigiendo la empresa; no como ahora, que ya le es inviable.

NF: Es decir, que hablamos de los orígenes de la marca…

IK: Claro. Tuve conocimiento de la existencia de Nails Factory porque, como ya tenía “papeles” y me podía permitir trabajar con contrato, y sin embargo en el centro de estética donde estaba “contratada” no querían darme de alta en la Seguridad Social, me puse a buscar alternativas.

Mande mi currículum a Nails Factory por internet, y Yolanda me llamó para vernos. Hice una prueba para demostrar mis conocimientos, y casi al día siguiente empecé a trabajar ya para la marca.

Estuve en el centro de Getafe, el primero de la cadena, en 2008. Y allí trabajé muy a gusto casi dos años.

 NF: ¿”Trabajé”, en pasado?

IK: Sí, es que una amiga ponía en marcha un centro de belleza y le solicité a Yolanda que, si no le importaba, iba a echarle una mano a mi amiga. Pero siempre que eso me supusiese dejar abierta la puerta de Nails Factory.

De hecho, la cosa no salió bien, y pude regresar. Por lo bien que me llevaba, y porque acerté a reconocerle el «tenías toda la razón…». Pero claro, ya no pude volver a Getafe, porque mi plaza anterior estaba ya cubierta. Así que empecé a trabajar en otro centro.

Estuve allí durante dos años, hasta que junté el valor para poner en marcha mi propio Nails Factory. Por un lado, Yolanda apreciaba mi labor y deseaba que siguiese a su lado, pero por otro comprendía que me había llegado el momento de aprovechar la magnífica oportunidad que brinda esta cadena a quienes deseamos tener un negocio pero necesitamos apoyo en el día a día.

NF: Mujer, así, ¿quién dice que no? ¿Verdad?

IK: Sí, la parte de llevar el negocio, que era la que más me asustaba, por desconocimiento. Me daba un poco de miedo…

Y lo cierto es que tampoco tenía todo el dinero. Pero la familia me animó, y me prestó lo suficiente como para abrir mi primer centro.

NF: ¿Y a que no te has arrepentido?

IK: Por supuesto que no: llevar un negocio es toda una responsabilidad, y si bien hubo problemillas iniciales, he cumplido cinco añitos en abril y estoy muy contenta. Hay picos y recaídas, como en todas partes, pero también hay muchas clientas buenas y recurrentes.

Desde un primer momento quise que el negocio estuviera ubicado en Parla, y yo misma encontré el local adecuado, en 2013, que la central validó. Y en realidad es donde paso buena parte de la jornada, desde que abro a las 10 de la mañana, porque tengo clientas muy antiguas y que no quieren ser tratadas por nadie más que por mí

NF: ¿Se te hace duro trabajar en uno de tus centros y llevar la gestión de ambos?

IK: Bueno, hay días y días. A veces, se pone un poco complicado estar haciendo servicios y , al mismo tiempo, llevar papeleo, horarios del equipo, etcétera. A nadie se le escapa que tiene su dificultad. Pero no me asusta trabajar y dirigir.

Y si no estás en tu negocio, se resiente. Por eso me gusta también pasarme siempre que puedo por Valdemoro.

NF: Sí, por favor, háblanos de tu segunda apertura. En centro comercial también ¿verdad?

IK: A ver, cuando un negocio te va bien, algo en tu interior te empuja a abrir el siguiente. Y como además encontré el local adecuado, en octubre de 2015, le hice caso a Yolanda, que me conoce y siempre que nos veíamos me decía «pon otro, Iryna, que te va a ir bien; ya lo verás».

Y respondiendo a la pregunta, fue otra vez en centro comercial porque tenía buena relación con el gerente de El Restón de Valdemoro, y si bien primero puse en marcha un estand, en uno de los corredores del centro comercial, ahora estoy en un local, que también cuenta con el visto bueno de la central. Y más contenta, la verdad.

 NF: ¿Y para cuando un tercer centro?

IK: Pues no me hago la sorprendida o digo que no. La verdad es que estoy buscando a ver si para 2019 porque vivienda propia primero y ahora…

Para poder llevar Valdemoro lo que tengo es una encargada que me ayuda mucho. Trabajaba en otro centro y quiso venirse conmigo, por cercanía a su domicilio; está desde el principio. Y yo lo que mantengo allí es una agenda abierta, y de vez en cuando le realizo un servicio de manicura a alguna clienta.

NF: ¿Echas de menos tu época de técnica? ¿Las ves a ellas con la ilusión que tú tenías?

IK: Cuando hablamos de las técnicas, lo hacemos en realidad de gente muy joven, por lo general, que tiene aún poca responsabilidad. Las franquiciadas lo notamos, por ejemplo, a la hora de enviarlas a los cursos, que muchas veces no les interesan porque creen que ya lo saben todo. Madre mía: yo no me perdía uno, e iba a aprender todo lo posible.

De hecho, tuve una época de mucho cambio de personal, y eso no gusta a las clientas…

Y yo soy orgullosa: mis técnicas me quieren, también saben que soy dura cuando alguna me “deja tirada” y luego quiere volver. La vida da muchas vueltas, y nunca se sabe: por eso has de hacer bien las cosas, y avisar con tiempo, tratar el asunto con la delicadeza que merece, etcétera.

NF: Hablando de clientas, ¿se dejan aconsejar o llegan con las ideas muy claras de lo que quieren?

IK: La clave para acertar con las clientas en darles lo que quieren. Y para eso primero has de identificar lo que vienen buscando.

Porque al final, una manicura no es más es un trabajo manual, y unas veces te queda mejor que otras, pero si no les das lo que ellas, aunque sea de forma inconsciente estaban buscando, es casi seguro no van a regresar.

Pero vamos que en general sí que se dejan aconsejar, si no notan que les estás intentando influenciar en exceso, o que quieres venderles algo como sea. Sobre todo, se trata de que ella vea que el maquillaje de sus uñas le queda genial, y que salga muy satisfecha del centro.

NF: La calidad de los productos Nails Factory ayudan, ¿no es cierto?

IK: Nuestra gama de productos es buenísima, y las clientas lo aprecian mucho. Aquí, en el centro comercial El Ferial, tengo competencia: y me vienen de vuelta, gracias al producto. Creo que con eso está todo dicho.

NF: ¿Qué consejo le darías a la emprendedora que está dudado si poner en marcha un centro Nails Factory, y que te hubiese gustado recibir a ti hace cinco años?

IK: Ser propietaria de tu propio negocio merece, y mucho, la pena. Pero también es cierto que nadie regala nada, y que se trabaja mucho

Tienes que contar con el apoyo de los tuyos. Pero compensa, porque el trato con las clientas es genial la mayor parte del tiempo. Y lo que ellas te dan, lo que te hacen sentir cuando están satisfechas y te recomiendan, no te lo da un trabajo asalariado.

NF: Para finalizar, ¿qué puedes contarnos de ti, de tu vida fuera de tus dos centros?

IK: Por desgracia, tengo poco tiempo libre para el deporte. Aunque me gusta practicarlo, porque en esta actividad no te mueves demasiado. Me gustan mucho el pilates y nadar.

Si pudiese viajar lo haría muy a menudo, porque me gusta. Este año he vuelto a Ucrania, para el cumpleaños de una sobrina-ahijada.

Las clientas me preguntan si no me canso, pero es algo que me apasiona, y que solo lo dejaré si acabo teniendo muchos centros o muchos hijos.

 

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