María gerente de una franquicia Nails Factory en Madrid

En ocasiones, no hace falta haber deseado ser propietaria de un negocio propio durante toda la vida para convertirse en emprendedora, casi de la noche a la mañana. Y abrir una franquicia Nails Factory que funcione y, a pesar de su relativamente reciente apertura, tenga ya un buen número de clientas fieles y se haya convertido en un referente está al alcance de quien esté dispuesta a poner empeño, tener paciencia, y seguir las directrices de una central que ya ha puesto en marcha casi dos centenares de centros de maquillaje de uñas por toda España.

María, gerente de una franquicia Nails Factory en Madrid

Es el caso de María Alonso Ramos, una madrileña de 31 años, licenciada en Marketing y Publicidad, quien, después de haber sido asalariada para una multinacional, ayudó primero a sacar adelante la farmacia de su pareja, y ahora regenta el centro Nails Factory de la Avenida Donostiarra, 17, en el madrileño barrio de La Concepción.

Nails Factory (NF): Es decir, que tú no eres esa emprendedora de toda la vida que está tan de moda en los medios…

Mar Alonso (MA): Desde luego, no se trata de una tradición familiar, no; pues mi madre es funcionaria y mi padre, arquitecto. Es cierto que, durante años tuvieron abierta una galería de arte en el barrio de Chueca, donde por cierto les ayudaba de cara al público, pero no tuvo éxito.

NF:  ¿Y de dónde surge entonces la idea de poner en marcha un comercio a pie de calle?

MA: Trabajaba como asalariada para una multinacional, y hace unos años mi marido se quedó con una farmacia en Fuente El Saz, un pueblo cercano a Madrid capital. Y con mis estudios de Publicidad y Marketing y mi experiencia de cara al público pensamos que era una buena idea que le ayudara a sacar adelante el negocio.

Me pasé al ramo de autónomos y empecé a colaborar con él hasta que me quedé embarazada y tuvimos a nuestra primera hija.

Cuando la niña empezó a ir a la guardería, y eso me dejaba más tiempo libre, quise volver a tener algún tipo de actividad profesional. Y como llevaba ocho años visitando centros Nails Factory, y pensando que se trataba de un negocio interesante, lo hablé con mi marido y me dijo que por qué no me informaba.

NF:  Dicho y hecho, ¿no? Te pusiste en contacto con la central…

MA: En concreto, con el departamento de Expansión. Pregunté, nos gustó lo que me dijeron, vi que sabían bien lo que se traían entre manos… y aquí estamos, siete meses después.

El contacto con Rito Naranjo fue definitivo. Me hizo llegar una lista con distintas posibles ubicaciones en la capital –pues aunque vivimos en Fuente el Saz mi ilusión es volver a vivir algún día en Madrid…–. Y es que, justo un mes antes de que me pusiera en contacto con la central, otra franquiciada de Nails Factory había inaugurado un centro en el pueblo donde vivimos…

NF:  Esa es la razón de que mirases locales en Madrid, claro…

MA: Una pena, ya digo. Por unos meses se me habían adelantado… Pero bueno, encontré éste, próximo al Mercado de Ventas. Y los responsables de la central me dieron el visto bueno nada más verlo, y a pesar de que necesitaba bastante obra de reforma, la verdad. Por eso la apertura se retrasó cerca de dos meses.

Bueno, por eso y también hasta que no tuvimos listos todas las garantías que exigían los dueños del local.

NF:  ¿Eso te dio tiempo para la formación necesaria, tanto tuya como de tus técnicas?

MA: En efecto. De entrada tuve que buscar personas con experiencia en manicura y pedicura, para enviarlas a formación. De las que se formaron me quedé con dos, pues ya allí, en la central, vi quienes valían y quienes no.

La verdad es que la formación con Gema, con Amaya, con Marta… fue muy bien. Son excelentes instructoras, y tanto mis técnicas como yo aprendimos muchísimo y quedamos encantadas. No solo de lo aprendido sobre productos, esto es, como aplicarlos y sus características, sino también  de la forma de manejarse en el centro, de cara a las clientas.

La verdad es que me resultó curioso pasar de ser clienta a que me explicaran para que servía cada producto. Me agrada además mucho que la formación sea continua, y que en la central siempre están dispuestos a ayudarte.

NF:  El formarte junto a tus futuras técnicas te ayudó a ver cómo se desenvolvían, ¿verdad?

MA: Una buena selección de las técnicas es decisiva, puesto que son ellas las que fidelizan o no a la clienta. Aquí viene la gente a relajarse, a pasar un rato agradable. Y si la tratas bien se van a quedar contigo. Tienen que ser profesionales y agradables con el cliente.

También hice la formación en la parte de gestión, aunque con el trabajo en la farmacia ya tenía experiencia la gestión de un negocio. Para mí lo más complicado del día a día es compatibilizar el horario de las técnicas. También conocía, por la farmacia, cómo hacer los pedidos y en qué momento para que te rente más.

NF: ¿Cómo gestionas con tu equipo para que todo vaya sobre ruedas?

MA: Estoy presente en el local todos los días, y al menos una vez al mes intento hablar con cada una de ellas en privado, para que se sientan más cómodas. Charlamos sobre lo que ellas ven en el centro o sobre algún problema: si están bien, si creen que sería bueno cambiar algo; en general, sobre cuál es su opinión acerca de determinados detalles.

Si estoy en el centro confirmo yo misma las citas; de lo contrario, la primera que entra en el local ratifica con todas las clientas la mañana, y a lo largo de la jornada, cuando entra la siguiente técnica, confirma las citas de la tarde. Es un sistema que nos funciona muy bien.

NF: ¿Te ha sorprendido algo del trato con las clientas, o también en eso tu experiencia previa en la farmacia ha sido un avance?

MA: El barrio es de gente mayor, aunque hay también muchas oficinas con chicas más jóvenes. Así que tenemos un poco de todo. En general, el trato mutuo es muy agradable, como corresponde a un lugar donde vienen a pasar un rato estando a gusto.

Siempre hay quien no entiende que tú también tienes unos horarios y unas citas programadas, y resulta imposible hacer un hueco por mucho que queramos. Pero en general, a las clientas les gusta relajarse y charlar, desconectando de tu rutina diaria. Y se lo facilitamos al máximo.

NF: ¿Te planteas, más adelante, abrir un segundo Nails Factory? Sabes que 6 de cada 10 franquiciadas poseen más de un centro…

MA: Tampoco es que sea una meta, pero cuando este centro camine solito, claro que sí. Desde luego no ahora mismo, pues estoy embarazada de siete meses y bastante hago con venir a diario.

También tengo ahí el tema del Marketing y la Publicidad, que es lo que estudié por vocación. Me gustan más como un hobby que como un trabajo, porque es un mundo en el que hay mucha competitividad; en el que se trabaja muchas horas, y éstas no se pagan como es debido. Hago algunos encargos para amigos, más como free lance que otra cosa.

NF: ¿Te preguntan por la franquicia, personas que estén pensando en montar un negocio y les parezca interesante Nails Factory?

MA: Pues hace poco me preguntó una clienta, que estaba interesada en el negocio para su hija. Aunque Rito me ha comentado que mi tienda es una de las que enseña a futuras franquiciadas por lo bien que ha quedado tras la reforma.

Conocí a un par de compañeras franquiciadas, de los cursos de formación, y también a otras propietarias de haber sido clienta de sus centros.

NF: ¿Y qué consejo darías tú a una futura franquiciada sobre la fórmula del éxito para sacar un centro adelante?

MA: Madrid es una ciudad muy difícil y los locales escasean. Le diría que el concepto de negocio está muy bien pensado, y que la central se afana para que nos vaya bien, aunque hay que tener paciencia. Yo tengo ya muchas clientas habituales, y eso es muy buena señal. Pero hay que dar tiempo al tiempo, y no pensar que te vas a hacer rica de la noche a la mañana.

NF: Pues para terminar, cuéntanos algo sobre ti: gustos, aficiones…

MA: Me encanta pasar tiempo con mi familia. Tengo una hija de 2 años, que se llama Olivia, y la que nacerá próximamente se va a llamar Carlota. Desde que soy madre me encanta pasar el tiempo en casa, con mi hija. Cuando podemos nos vamos al Norte, que tenemos casa, y nos encanta: pasear por el campo y ver animales, cosa que llama mucho la atención de mi peque.

Una de las cosas buenas que tiene emprender es que puedes pasar más tiempo con los tuyos. Ah, y también me gusta mucho coser. He sido algo autodidacta en eso, pero estoy diseñando conjuntos iguales para las dos niñas.

 

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