Miguel gestiona 5 franquicias Nails Factory en Galicia

Miguel Andrade Santamaría, propietario de cinco franquicias Nails Factory repartidos entre La Coruña y Santiago de Compostela

Este venezolano de nacimiento –aunque poseedor de la doble nacionalidad– lleva 15 de sus 50 años entre nosotros. Odontólogo de carrera, llegó a nuestro país debido a la convulsa situación política de su país. «El caso es que aquí no llegué a convalidar nunca mis estudios, pero como llegué casado y con una hija pequeña debía empezar a trabajar para sacar adelante a mi familia. Tuve un bar y también una tienda de recuerdos, en Santiago de Compostela». La saturación del mercado de los souvenirs, y su natural curiosidad por el mundo de la franquicia –a raíz del éxito de un amigo que regentaba un establecimiento de yogures helados en Vigo–, hizo que acabase apostando él también por el sistema de franquicia.

Tanto es así que, a día de hoy, Miguel Andrade Santamaría posee cinco centros franquiciados de Nails Factory: los del centro comercial As Cancelas y de la céntrica calle de Concepción Arenal, ambos en Santiago de Compostela, y de los centros comerciales Marineda City y Alcampo Palavea, así como el de la conocida calle del Padre Feijoo, estos tres últimos en La Coruña.

 

Nails Factory (NF): Pues sí que tuvo que llamarte la atención la yogurtería de este amigo, sí…

Miguel Andrade (MA): Es que este hombre lo tenía repleto de público. Y me quedé muy sorprendido. Tanto que empecé a investigar, sin saber nada del mundo de la estética o de la manicura, enseñas de franquicia de cuidados de uñas. Hablamos de hace 6 ó 7 años, y notaba que las españolas empezaban a arreglarse más las manos y los pies –a imagen y semejanza de las mujeres del Este y de las de mi tierra, de Iberoamérica– y pensé que el negocio podía funcionar muy bien.

Comparando unas y otras, la que más me interesó fue la franquicia Nails Factory. Y desde el momento mismo en que entramos en contacto comenzó mi andadura con Yolanda Beltrán y con Ricardo Trejo, los creadores de la marca.

NF: Háblanos de tu primera apertura. En Santiago de Compostela ¿no es cierto?

MA: Exacto. Abrí mi primer establecimiento franquiciado de Nails Factory más concretamente en el centro comercial As Cancelas, de Santiago de Compostela, en diciembre de 2013. En el momento de la apertura tenía un socio, Francisco de Barros, que trabajaba conmigo en un negocio anterior, y entró a formar parte de la sociedad, igual que su esposa Carmen López. De hecho, ambos son ahora también multifranquiciados de Nails Factory en la zona de Vigo.

Y precisamente Carmen y yo fuimos a hacer juntos la formación a Madrid, y nos llevamos dos coches y seis chicas para que se formasen, porque no sabíamos muy bien cómo era el tema.

Al final, la central seleccionó a cuatro de ellas, para convertirse en técnicas Nails Factory, porque eran las mejores. Mi idea era abrir precisamente con cuatro técnicas, porque aún desconocía el negocio; y mira, así fue.

NF: ¿Nervios antes de la apertura?

MA: Pues hombre, mentiría si dijese que no. A esta apertura se desplazó la propia Amaya Domínguez, la directora Técnica de la marca, ya no ha faltado a casi ninguna de mis aperturas: es mi amuleto, y ella lo sabe. Y casualmente, al tratarse del primer centro que se abría en Galicia, vino también Yolanda Beltrán.

Fue un éxito rotundo; hasta tal punto que la gente nos sobrepasaba, y las propias Yolanda y Amaya nos hicieron el tremendo favor de ponerse a realizar servicios como dos técnicas más. Con decir que al día siguiente tuve que llamar a una de las dos chicas que habíamos descartado para que se viniera a echarnos una mano…

Fue una apertura fantástica, y creo que además de ser una novedad en Santiago, coincidió que se inauguró en diciembre, un mes muy bueno para este negocio.

NF: Dices que habías investigado otras cadenas de franquicia de manicura. ¿Qué factor inclinó la balanza a favor de Nails Factory?

MA: Como persona que ya había conocido el mundo de la franquicia, y sabía de sus particularidades como fórmula de colaboración empresarial, investigué otras posibilidades, otros conceptos de negocio en el mercado. E incluso acudí a ferias de franquicia. Sin embargo, la que más me gustó de largo fue Nails Factory.

Además del aspecto profesional que ofrecían todos los departamentos de la central, hubo muy buenas vibraciones en el trato con los interlocutores desde el principio, y he de decir que me atendieron y me ayudaron mucho. Solo puedo tener buenas palabras hacia la central, y recomendar la cadena para quien esté interesado.

A lo mejor ellos ya no lo recuerdan, pero fue contactar con la marca y sentir deseos de desplazarme a Madrid para conocer a las personas y ponerles cara: allí conocí a Rito Naranjo, a Pilar Ruiz, otra multifranquiciada que me dio buenos consejos…

NF: ¿Y cómo marcha tu primer centro, que pronto hará seis años abierto?

MA: El estand sigue funcionando muy bien, aunque hace menos de un año me pusieron competencia dentro del centro. A nuestro favor está el que tenemos una clientela fija y fiel, y unas técnicas profesionales muy buenas, que llevan conmigo años y con las que tengo una estupenda relación. No es la mejor de mis tiendas, pero trabaja bastante bien.

NF: ¿Crees que la central prepara bien a los candidatos para afrontar el negocio, aunque desconozcan el sector de la estética y la belleza?

MA: Sí, te preparan muy bien. Es cierto que tú tienes que llevar al personal que consideres más oportuno y adecuado para trabajar en tu establecimiento; con una cierta experiencia, pues no cualquier manicura puede trabajar en Nails Factory.

La central te enseña, por ejemplo, que las técnicas han de tener ciertas cualidades. La calidad, pero también la velocidad a la hora de prestar el servicio, pues trabajamos mucho con los tiempos necesarios para conceder citas y no incurrir en demoras que fastidien a las clientas. Y eso, sobre todo en épocas de mucho trabajo, puede llegar a ser bastante estresante.

NF: ¿Qué tiempo transcurre en tu primera y tu segunda apertura?

MA: En septiembre de 2014 abrí centro en Marineda City, el súpercentro comercial de La Coruña. Siempre me apeteció inaugurar en esta gran superficie comercial y de ocio, porque es la más grande de Galicia y una de los más modernas de España. Cuando lo intenté no pudo ser, porque tengo entendido que unos orientales querían abrir una tienda en dicho centro comercial, y resulta que las gerencias siempre dan prioridad, por así decir, a las tiendas frente a los estands.

Empecé entonces a buscar por la zona de Vigo, en el centro comercial Gran Vía, y de repente recibí la llamada del responsable de Expansión, Rito Naranjo, que me confirmaba que podíamos abrir en Marineda City, e inmediatamente gestionamos un estand algo más grande que el primero.

Inauguramos en septiembre con cinco técnicas, y es actualmente la tienda que más trabaja y más factura, claro.

NF: ¿Eres especialmente partidario de la apertura en centros comerciales, o no tienes preferencias al respecto?

MA: Sin duda, el centro comercial es importante porque te trae un flujo de público constante, y lo que es más importante, relativamente ávido por consumir. En el caso de Marineda City, ocurre que La Coruña es más grande que Santiago de Compostela, tiene más habitantes, pero cuenta además con muchas poblaciones en los alrededores que visitan ese centro comercial, y que se suman a las clientas que ya tenemos fidelizadas.

Pero respondiendo a tu pregunta, la inauguración de una tienda a pie de calle es distinta a la de un centro comercial: necesitas más publicidad, y tienes que ganarte a la clientela poco a poco. Y luego están las condiciones meteorológicas de Galicia, con esa lluvia casi constante y esos cielos a menudo tan poco “alegres”. Lo dicho: arrancar en un centro comercial es más rápido, pero si sabes hacerte con una clientela en tu tienda a pie de calle, a la larga terminan funcionando igual ambos emplazamientos.

NF: A los franquiciados, además de formaros en la parte técnica, se os enseñan estas cosas,  a gestionar el día a día del negocio, ¿verdad?

MA: Pues sí. Aunque en mi caso, ahora ya con cinco centros a mis espaldas, ya voy conociéndolo casi todo sobre el comercio y la estética/belleza. Pero sí, durante la formación nos inculcan no solo la parte de más destreza y mayor habilidad a la hora de efectuar un servicio de manicura o pedicura, que esa compete más a las técnicas, sino también los programas que se emplean para gestionar un Nails Factory.

En cualquier caso, a mí siempre me gusta el asistir a la formación de mi personal, cada vez que efectúo una inauguración; aunque no me quede durante todo el periodo. Siempre aprendes algo nuevo.

NF: Vamos entonces, si te parece con el tercer centro. ¿Dónde lo inauguraste, y qué tiempo había transcurrido desde el anterior?

MA: Fue ya en 2016, y repetí en La Coruña, pues me apetecía probar en el centro de la ciudad y que fuera precisamente una tienda, no un centro comercial. Pero en esta ocasión debí de aprovechar de nuevo una oportunidad fugaz, e inauguré en el centro comercial Alcampo Palavea.

Fue en el mes de mayo de 2016. Un local con cinco puestos. Se trata de una gran superficie que no tiene ni la fluidez de clientes ni los volúmenes de facturación de los otros, pero seguimos abiertos.

NF: ¿Seguiste intentando lo de inaugurar en el centro de alguna de las dos ciudades entre las que te mueves?

MA: Cuando firmé mi primer contrato con Yolanda Beltrán llegamos a la conclusión de que, por su población actual, en La Coruña podían funcionar tres centros. Por eso, tras las dos inauguraciones en las grandes superficies mencionadas buscaba algo “céntrico”.

Y respecto al resto de la provincia, por ejemplo, ha abierto una franquiciada en Carballo, un municipio coruñés de la comarca de Bergantiños, a la que conozco y a quien no considero competencia directa para mis centros de la capital y en la segunda ciudad más grande de La Coruña.

NF: Nos hablabas de tu cuarto centro Nails Factory…

MA: En estas, el cuarto Nails Factory lo abro en Santiago, en octubre de 2017, y voy buscando un local en el casco histórico de la ciudad, donde hay más movimiento de personas. Pero no consigo nada en la mejor de estas calles, la del General Pardiñas. Además quería un local bastante grande, de unos 80 metros cuadrados, porque tenía la idea de montar en él mi oficina, tener mi propio almacén y surtir de producto desde allí a todas mis tiendas.

Como es lógico, un establecimiento en esa ubicación y de dichas características se me iba de precio en la zona. Al final, después de no pocas gestiones, conseguí un local a pie de calle cerca de donde quería. Con nada menos que 140 m2 en dos plantas. Destinamos la parte de arriba al montaje y decoración de cinco puestos, con uno más para discapacitados, para lo cual hubo que llevar a cabo una obra de acondicionamiento relativamente aparatosa. Y en la parte de abajo tenemos un depósito bastante grande, con cocina para las empleadas, y dos despachos, uno de ellos el mío.

Una vez más, Amaya y Yolanda asistieron a la inauguración, y según me comentan ellas es el centro Nails Factory más grande de España. Si no pones de tu parte para conseguirlo, no vas a vender más solo por el hecho de tener una tienda más grande. Hemos subido de un año a otro de un 15% a un 20% en volumen de facturación, así que se encuentra en pleno proceso de crecimiento.

NF: Llegamos entonces a la quinta de tus inauguraciones…

MA: Y la abrimos en noviembre de 2018 un poco por casualidad. Paseaba con mi actual pareja por La Coruña, y pasamos junto a un pequeño local, con apenas una veintena de metros cuadrados de superficies, pero emplazada enfrente de una tienda Zara. Llamé a la dueña y me pidió un alquiler excesivamente elevado. De hecho, es el alquiler más elevado de los cinco que pago… ¡y por el centro más pequeño de los que tengo!

En aquel momento, dejamos pasar las vacaciones. Y cuando regresamos el local seguía libre, así que llamé a Rito para que viniese a La Coruña, y le encantó la zona. Habló con los arquitectos, y yo le dejé una señal a la dueña del local, a la que se lo terminé alquilando. Arrancó muy bien, y las ventas van incluso mejor de lo previsto.

Teniendo apenas seis meses desde su apertura, y siendo del tamaño mencionado, es ya la tercera mejor en resultados. Creo que a la larga va a ser un “bombazo”. Esta ubicada en la calle del Padre Feijoo, al lado de la Plaza de Lugo, y es una zona de tiendas de gente de clase media-alta y alta.

NF: ¿Pensando ya en el sexto establecimiento franquiciado de Nails Factory?

MA: Bueno, bueno, de momento nos lo vamos a tomar con calma. Que los últimos han supuesto un esfuerzo en lo que a obras de remodelación e inversión se refiere. Ha de tratarse, o de una de esas oportunidades únicas en la vida, porque de lo contrario hasta dentro de un año y medio queremos estar tranquilos. Hay otros proyectos que también absorben mi tiempo.

Y la propia dirección de los cinco centros, que aunque gestiono de forma compartida con mis encargadas, llevan su parte de la jornada laboral. Mientras no se invente la posibilidad de la ubiquidad, tenemos que conformarnos con mantener un contacto a través de grupos de Whatsapp creados para emitir las directrices, y efectuar visitas frecuentes para ver cómo marcha todo en los centros.

 NF: Dale algún consejo a quienes están en la situación que te encontrabas tú hace seis años, cuando viniste a Madrid a conocer la marca.

MA: Que confíen en este concepto de negocio. Que es una actividad femenina en cuanto a lo que son las clientas –aunque habría mucho que decir de la incorporación masculina al mundo de la belleza y los cuidados estéticos: pelo, piel, etcétera–, pero que detrás del mostrador no conoce de géneros: de hecho, no soy ni mucho menos el único franquiciado varón en la cadena.

Vamos con los consejos: si la elección de local idóneo es importante, la de la renta que se debe pagar por su alquiler ni te cuento. Muy importante también –de hecho, cada día más– conseguir personal verdaderamente capacitado para el servicio que prestas: nuestras técnicas no son camareras, sino profesionales especializadas. Por eso yo siempre digo que debes tratar de cuidarlas, si ves que valen de verdad.

Y llevarte muy bien con la central, porque este negocio, como dicen los anglosajones, es win-win: cuanto más gane una parte y mejor le va, más gana y mejor le va a la otra, y viceversa. Y en Nails Factory, a pesar de su enorme crecimiento en los últimos años, el trato ha sido y sigue siendo cercano y muy cordial.

 

NF: No podemos concluir sin que nos cuentes algo de Miguel Andrade como ser humano, como persona con sus aficiones, sus gustos, sus manías…

MA: Soy un empresario al que siempre le ha apasionado el deporte. Tal vez porque mi padre fue un deportista de élite: llegó a competir en unos Juegos Olímpicos con la selección de Colombia, su país. Seguramente he heredado de él el deseo de superación y el espíritu competitivo, que después he aplicado en cuantas actividades he llevado a cabo: tenis, baloncesto, bolos… De hecho, he llegado a jugar en la División de Honor de Bowling, en España. Y ahora estoy muy metido en el mundo del pádel.

Y por lo demás, tengo dos hijas de 12 y 18 años, a las que les insisto en que lo más importante primero es formarse, y después ya si quieren pueden entrar en el negocio.

Ah, sí, y me apasiona la cocina exótica, la tailandesa, por ejemplo; sobre todo degustarla; no tanto prepararla, porque al parecer tengo poco de chef…

 

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