Olga propietaria de 2 franquicias Nails Factory en Madrid

Esta peruana de 58 años, que emigró voluntariamente a España en 2003, es todo determinación y voluntad. Al llegar a nuestro país, que ya considera también el suyo, cursó estudios de Empresariales en la Universidad Autónoma de Madrid. «Para un trabajo de marketing estudié a fondo la fórmula de la franquicia. En concreto, escogí  la franquicia Nails Factory, pues me encantaron tanto el concepto de negocio como su fundadora, Yolanda Beltrán: que siendo tan joven pusiese en marcha el germen de lo que ahora es una cadena que apunta a los dos centenares de centros es digno de admiración y de estudio», asegura.

Y es que esta voluntariosa emprendedora, propietaria de dos centros Nails Factory en la capital (en la avenida Ciudad de Barcelona, 53 y en la calle de Alcalá, 584), asegura que tiene a la fundadora de la cadena «como un modelo empresarial a seguir».

Nails Factory (NF): Es decir, que estaba escrito que acabarías convirtiéndote en franquiciada, tarde o temprano…

Olga Gonzáles(OG): Pues sí, la verdad es que cuando empecé con ese estudio aún no conocía mucho la marca. Pero hizo que me interesase y me convenciese el sistema de la franquicia, y sobre todo Nails Factory. Me dediqcaba a administrar restaurantes; alguna vez incluso se me ocurrió tener el mío propio, junto con mi hijo que es chef, pero al final decidí hacer algo sola, por mi cuenta. Porque mi hijo tiene sus propios proyectos y sueños que cumplir. Siempre sabía que podía y quería hacer algo más.

Así que me hice clienta para investigar a fondo el concepto de negocio de esta marca. Podría decirse que fui una especie de “clienta misteriosa”, aunque en lugar de hacerlo para la central lo hacía para mis estudios universitarios. De esa forma tuve la oportunidad de conocer a distintas propietarias de centros. Empecé por Silvia Casado, en la calle de Antonio López, en Usera, que me contó maravillas de la marca.

NF: ¿Te llevó ese entusiasmo de las franquiciadas que entrevistabas a ponerte en contacto y hablar directamente con la central?

OG: Claro. Al volver a pedir cita, y ver que era complicado conseguirla tan pronto como yo deseaba, vi que era realmente un negocio que funciona. Así que lo intenté en otro centro, con el mismo resultado.

Y decidí entonces ponerme en contacto con los responsables de Expansión. Me citaron para una entrevista personal en la que debía explicar el porqué de querer convertirme en franquiciada. Lo tenía y lo sigo teniendo muy claro: me considero una mujer guapa y quiero mimar a la gente guapa.

NF: ¿Podemos fechar ese inicio de tu andadura como franquiciada de Nails Factory?

OG: Pues a finales de 2017 o primeros de 2018 comienzo la tarea de valorar posibles locales para establecer mi negocio, tanto en centros comerciales como a pie de calle.

De la lista de locales de Madrid que me facilitaron en la central, donde ya me advirtieron que en la “almendra central” de la capital era complicado, me costó un año encontrar el de la Avenida Ciudad de Barcelona. La verdad es que su aspecto tampoco es espectacular, pero me dije a mí misma. «Para empezar, vale». Estamos hablando del 25 de septiembre de 2018, y su inauguración fue toda una experiencia. Me sirvió para darme cuenta de que había acertado de lleno al apostar por esta marca.

Y es que Nails Factory es una firma que se vende por sí sola, y es de garantía. Por lo que, cuando arrancas con tu negocio tienes ya un mercado hecho gracias a la imagen de calidad que tiene entre las mujeres.

NF: Tan es así que enseguida te pusiste a buscar donde abrir tu segundo centro, ¿no es cierto?

OG: Pues en ello estaba, aunque Rito Naranjo, el responsable de Expansión no hacía más que desaconsejarme los locales que le presentaba como opción para instalar un segundo centro. Y cuando di por fin con uno maravilloso, resultó que una de las inmobiliarias con las que estaban trabajando los dueños lo había vendido ya justo el día anterior…

Estaba tan desesperada que le pedí al universo que me dijese dónde estaba mi local. Incluso recuerdo que lo llegué a visualizar, y lo dibujé y todo. Cuál no fue mi sorpresa cuando me encontré con que era el de la calle de Alcalá.

La marca me lo había ofrecido en su momento, porque su propietario quería dejarlo, pero yo deseaba que mi primer negocio fuese de nueva creación. Por eso empecé con el de la avenida Ciudad de Barcelona. Pero Rito me insistió que volviese a verlo, y a saber por qué esta vez sí que me conquistó: no disponía del dinero necesario, pero solicité al banco un préstamo en buenas condiciones. De forma que firmé el 1 de octubre de 2019: en 10 días tenía el préstamo y arrancaba. Y en cuanto a la inauguración, hasta me traje un sacerdote que bendijese las instalaciones. Todos los detalles cuentan.

NF: Con la experiencia adquirida de tener el otro centro en funcionamiento… Háblanos de los periodos de formación que efectuaste, con éste y con el anterior.

OG: Recuerdo que estuve efectuando las entrevistas de trabajo, con las técnicas que iban a empezar en mi primer local en un Starbucks; porque, claro, entonces no disponía de sitio. Esta vez ha sido diferente, porque al estar ya abierto, dispongo de una trastienda.

Durante la primera de las formaciones estuve preguntándole de todo a Amaya Domínguez, nuestra Directora Técnica, para estar yo también perfectamente enterada, y de ese modo poder mejorar cualquier mínimo desliz, indicándole a mis técnicas, por ejemplo «no has puesto el top adecuado». O la solución más adecuada.

En cuanto a la otra formación, la necesaria para llevar el negocio, ya sabía una buena parte, porque aportaba la experiencia del negocio gastronómico de mi hijo. Me llamó la atención la parte del inventario, y cómo llevar el día a día de los productos. Quedé encantada con Francisco Espinosa, del Departamento de Informática. Ya le he dicho que, si el sistema que hay es bueno, el que viene es muchísimo mejor. Y además, por fin, es en castellano; que yo para el inglés soy más bien nula…

NF: ¿Aprecias mucha diferencia entre las clientas de tu Nails Factory de un centro y de otro?

OG: Se trata de dos zonas populosas, pero diferentes, las de Pacífico y Canillejas. En el primero la clienta media es más joven, aunque con poder adquisitivo. Y es que justo frente al centro hay una urbanización con mucho matrimonio recién instalado. Sin embargo, en Canillejas es más mayor y tal vez con menos disponibilidad financiera, si bien no escatima en gastos a la hora de cuidarse. Y no acepta cambiar la calidad de Nails Factory por ahorrarse algo: alrededor de mi centro tengo media docena de sitios de manicura asiáticos, y para mí no son competencia: la calidad del producto me ayuda a estar por encima.

Y en las valoraciones del centro en Google se aprecia muchísimo el cambio de la propiedad anterior a la mía: el trabajo aquí ha sido levantar la imagen, y corregir las desviaciones del concepto original que se estaban llevando a cabo: las técnicas deben llevar su moño, sus labios pintados, aunque empleen la mascarilla… que la clienta vea que esterilizamos el material… Más de una y más de dos ya me han comentado «¡qué cambio: ahora se ve que hay verdaderas profesionales!».

NF: Es decir, que “estás muy encima” de las clientas…

OG: El triángulo clásico que enseñan en las escuelas de negocios es: producto, empleadas y clientas. En mi caso, el producto está claro que funciona y no puede ser mejor. A las técnicas las cuido para que estén entregadas a la causa, y a las clientas las tratamos tan bien que están deseando volver: las fidelizamos, que es la clave.

Y es que hacemos todo lo posible por ser su terapia psicológica, y que nos cuenten de su vida como a sus amigas de siempre. Ojo que si no desean hablar también lo respetamos. Pero lo más importante es lo bien que les trabajamos las manos. Por eso, muchas veces, clientas que no se maquillaban las uñas de los pies acaban pidiéndolo, encantadas como están de las manicuras con las que salen de Nails Factory.

Y siempre les sugerimos que nos indiquen en qué podemos mejorar: eso también les gusta mucho, porque no están acostumbradas a que se lo pregunten en otros sitios que frecuentan.

NF: Con tu grado de entusiasmo solo cabe preguntarte ¿para cuándo tu próximo Nails Factory?

OG: Bueno, claro que me planteo un nuevo centro. Cuando empecé quería tres, y ya estoy buscando por el barrio de Salamanca, en concreto por la calle de Serrano, que no entre en conflicto ni con el centro de Velázquez ni con el de Menéndez Pelayo. Aunque es complicado por los precios, que se disparan.

Mi coach me ayuda haciéndome apreciar el valor añadido de mis locales. Y los cursos que hago de desarrollo y crecimiento personal me empoderan. Y pienso que si Yolanda ha podido llegar a dónde está ahora, porque yo no puedo seguir creciendo y acabar convirtiéndome en su mejor franquiciada.

NF: Háblanos de ti fuera del trabajo, si es que tanta actividad te deja tiempo libre…

OG: Hay un momento para todo. Y soy voluntaria de la Comunidad de Madrid: colaboro con una casa municipal de acogida para personas sin hogar y sin recursos, que se llama San Isidro y está ubicada cerca de la Estación de Príncipe Pío.

Básicamente hago acompañamiento al médico, aunque también participo en el programa Actívate, para animarles a que salgan de su zona de confort haciendo ejercicio. Y hace poco, durante la reciente Cumbre del Clima, he sido coordinadora y hemos recibido a los voluntarios procedentes de Chile.

NF: Por último, te vamos a pedir, como hacemos siempre con nuestras franquiciadas, que nos des un consejo para quien está sopesando entrar en la red. ¿Qué le dirías a alguien interesado en abrir un espacio Nails Factory?

OG: Pues que, si se va a involucrar, lo haga cómo reza el dicho popular: «El negocio, o lo atiendes o lo vendes». Me gusta estar cerca de mis técnicas, y cuidarlas para que estén motivadas. Pero también hago todo cuanto está en mi mano por mimar a las clientas, que son la base del negocio. Por ejemplo, les digo a mis técnicas que cuando vayan a probar cosas nuevas en manicura no lo hagan en la trastienda, y que me lo hagan a mí sentada en uno de los puestos, para que de ese modo lo vea todo el mundo.

Hacemos bastante diseño, porque gusta mucho. Y en el centro de Canillejas, que hay que levantarlo, llevo a cabo campañas de marketing del tipo vienen dos y solo paga una, para que mis clientas satisfechas me sirvan de prescriptoras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *