Pilar Ruiz, propietaria de siete franquicias Nails Factory

Si en lugar de una entretenida entrevista contásemos la trayectoria de esta curiosa emprendedora en forma de cuento, el título más apropiado sería ‘La valerosa Pilar y su estand itinerante’. Y podría comenzar perfectamente de la siguiente manera: «Érase una vez una mujer sonriente y animosa, que llegó al mundo de los negocios sin grandes ambiciones, pero también sin prejuicios ni desconfianza…». Porque Pilar Ruiz ha hecho lo contrario que la lechera de la fábula, que incita a no hacer planes demasiado fantasiosos sin tener en cuenta la realidad: comenzó inaugurando un centro Nails Factory casi como quien no quiere la cosa, y ahora gestiona siete, a pleno rendimiento, repartidos entre Madrid y Murcia.

Y es que, en cierto modo, su trayectoria en Nails Factory se ha desarrollado junto a la propia historia de la marca. «Hoy en día la central tiene una gran infraestructura, acorde a su tamaño actual, una red con más de un centenar y medio de centros. Pero al principio, cuando no llegábamos a la media docena, la relación era casi hogareña, hasta nos veíamos en la casa de los fundadores para recoger los pedidos», recuerda con enorme cariño e incluso un cierto punto de nostalgia. «Siempre me ha gustado el trato personalizado que existe en Nails Factory y es una de sus señas de identidad: no habría aguantado la despersonalización de una multinacional», asegura esta autoproclamada ‘friki’, como fiel seguidora de la saga ‘Star Wars’, que soñaba con el estreno de la biografía del héroe antaño interpretado por Harrison Ford, Han Solo.

 Nails Factory (NF) ¿Eres emprendedora de las que nacen o de las que se hacen?

P.R. Desde luego, antecedentes familiares, como suele decirse, no tenía muchos en lo que a espíritu emprendedor se refiere: mi padre trabajaba en una multinacional, mi madre era profesora, y mi trayectoria laboral anterior pasó por el departamento de recursos humanos de una empresa que cerró de un día para otro. Así que se me puede tachar más bien de emprendedora “a la fuerza”.

De algún modo tenía que volver a la vida laboral, y como tenía una hija pequeña pero los horarios que me ofrecían los trabajos que encontraba no eran precisamente los más adecuados para la conciliación laboral-familiar, me decidí por poner en marcha un negocio propio: una tienda franquiciada de jabones y productos naturales, en el centro comercial H2O de Rivas Vaciamadrid.

N.F. ¿…Y cómo empieza entonces esta fructuosa relación tuya con Nails Factory?

P.R. Muy sencillo: el estand que tenía justo enfrente de mi tienda era un quiosco de Nails Factory. Así que en nuestros momentos de asueto hablaba con Amaya Domínguez, nuestra Directora Técnica hoy, pero que por aquel entonces estaba al pie del cañón.

Ella me animaba, y me tentaba diciéndome que podíamos hablar con Yolanda Beltrán, la fundadora; que tomase la decisión de dejar mi tienda –ahora contaré el porqué–, y que en Nails Factory me ayudarían a salir adelante. Y la verdad es que a mí me gustaba mucho lo que hacía, y me daba pena dejarlo, pero es que la central de franquicias de mi marca era un verdadero desastre, y en apenas dos años habían cerrado todas las tiendas menos la mía.

No me quedó otra, así que me animé y, en un pequeño centro comercial de Fuenlabrada montado alrededor de un supermercado E.Leclerc, arranqué mi andadura con Nails Factory en verano de 2010. Al comienzo tuvimos algo de mala suerte con el emplazamiento; porque, para que los lectores se hagan una idea de cómo era la gerencia del centro, baste decir que al llegar el otoño y comenzar las primeras lluvias, me facilitaron un paraguas y unos cubos para las goteras…

N.F. ¡Caramba, qué mala pata! ¿Qué hiciste entonces?

P.R. El cambio no tardó en producirse, y siempre conté con la asistencia de la central, de Yolanda Beltrán y de Ricardo Trejo, su marido y socio: me trasladé al centro comercial La Viña, en San Sebastián de los Reyes, donde el negocio empezó enseguida a funcionar de maravilla. Nada que ver.

N.F. Bueno, entonces al final la cosa no fue a mayores.

P.R. Todo perfecto. Lo que ocurre es que, de repente, volvieron las prisas: los responsables del recién creado Plaza Norte 2 nos ofrecieron entrar en este centro, que la verdad es que prometía, y nos daban un mes, un breve plazo para decidir si apostaba por un segundo centro.

N.F. Otra vez a correr entonces…

P.R. Resulta curioso decir que quisiese más tiempo para dedicarle a mi hija pequeña cuando estoy contando que me metí, al mismo tiempo, en esta especie de montaña rusa. Debe de ser porque, en el fondo, estoy más loca de lo que yo quiero creer.

Lo cierto es que rescatamos el estand de Fuenlabrada, que guardábamos a buen recaudo, y fue directamente a Plaza Norte 2, donde la inauguración fue un auténtico “bombazo”: todos los problemas que me habían puesto en Fuenlabrada, allí resultaron de maravilla. Era tal la cola de clientas ese día, dando la vuelta a la esquina del pasillo, que hasta Yolanda Beltrán se ofreció a ponerse en un puesto a realizar servicios. Con eso está todo dicho.

N.F. Todo un récord: tres aperturas en apenas un año y poco…

P.R. Bueno, el primero es el más complicado; luego la puesta en marcha va siendo más sencilla. Entre otras cosas, lo que hice fue repartir a mi equipo: unas técnicas a la Viña y otras a Plaza Norte 2. Con lo que, además, aportaban su experiencia; no era nuevo todo el equipo. Aunque he de decir que el personal que entró específicamente para aquel centro superó mis expectativas. Y de hecho, una de ellas, que es uno de mis puntales, está conmigo desde entonces.

N.F. Para gestionar siete centros tendrás que apoyarte mucho en tus equipos, ¿no es cierto?

P.R. Confío al cien por cien en mis responsables. Por supuesto, controlo y me consultan, pero sin una plena confianza mutua todo esto sería imposible. Soy más eficiente dedicando el 90% de mi tiempo a ocuparme de aquellas cosas que son imprevisibles; a solucionar la casuística del día a día de siete centros, que no nos olvidemos que tienen, al cabo de la semana, muchas horas de atención al público.

N.F. ¿Un poquito de calma entonces?

P.R. Nada, ¿para qué? [risa] En medio de esta aparente etapa de calma llegó Diversia. Se presentó la oportunidad, pedí mis 24 horas de rigor para tomar una decisión, y tras ver cómo era el centro, sus posibilidades de clientela, etcétera, solicité un crédito al banco –hasta entonces me había ido manejando con ahorros– y dije «por qué no».

Luego, sí que es cierto que me entró alguna que otra duda, pero las vacilaciones debes tenerlas antes: una vez que estás metido, lo que has de hacer es venirte arriba. Diversia es un “cubito” emplazado al aire libre, y de otoño a febrero pocas personas se animan a hacerse las uñas a la intemperie. Me di un año; ojo, sin dejar de hacer todo cuanto estuviese en mi mano por promocionarlo: contraté un autobús-anuncio que iba por toda La Moraleja, hice publicidad exterior, llevé a cabo buzoneos y ‘parabriseos’, y nada. Eso sí, con la primavera llegó la luz, con ella el calorcito y mejoró la afluencia.

N.F. Bueno, al final siempre sale el sol, como reza la sabiduría popular.

P.R. Ya, pero en esas los gerentes de Plaza Norte 2 me comunican que acaba de entrar una multinacional, y que quería instalarse en el pasillo donde tenía ubicado mi estand; así que a mí me tocaba trasladarme a una tienda, ofreciéndome una serie de emplazamientos cada uno peor que el anterior. Así que no me lo pensé dos veces:  tomé a regañadientes la decisión de irme de Plaza Norte 2 y acordé con la central el traslado a otro centro comercial.

Bueno, de hecho a dos, para ser más exacta: a la galería comercial del hipermercado Alcampo de Moratalaz, en Madrid. Un traspaso al que le tenía echado el ojo, porque había albergado varios negocios ya. Y a La Condomina, en Murcia, por dónde pasaba a menudo, camino de mis vacaciones familiares en Almería.

 N.F. La verdad es que cada vez que la central o tú os llamáis es para sorprenderos mutuamente…

P.R. [Risas] Lo cierto es que establecernos en La Condomina se consiguió gracias a Rito Naranjo, nuestro director de Expansión, porque logró algo que a mí ya me había aburrido: tratar con la gerencia del centro y rematar los detalles.

Cierto es que, por aquel entonces, todavía no había tantos establecimientos Nails Factory abiertos en el resto de España, así que en esto fui relativamente pionera. Y allí fue a parar el estand itinerante que comenzó en Fuenlabrada, pasó por Alcobendas, y ha terminado en Murcia. Estamos hablando ya de finales de 2014 o primeros de 2015.

N.F. Un no parar, que diría el otro…

P.R. Los primeros meses estuve viajando a Murcia todo el santo día; me sé el camino de memoria [risas]. La verdad es que costó arrancar, ya que por aquel entonces la marca aún no era muy conocida en aquella ciudad, y al ser el único centro comercial los alquileres eran muy elevados. Por otro lado, sin embargo, en Murcia la tasa de paro era y es elevada, y mi equipo de entonces sigue casi intacto al 100%. Tengo alguna técnica que ha vuelto, y la he readmitido sin problemas. Si son buenas, no se han ido con malas formas, y han tenido la mala suerte de fracasar con su amiga/prima/cuñada, ¿qué pega hay en volver a acogerlas, si son buenas profesionales?

Pero dejémonos de líos y vamos con mi quinta apertura, en el ‘outlet’ de San Sebastián de los Reyes, propiciado por un cambio en la gerencia.

N.F. No nos irás a decir que volviste a traerte tu estand de la suerte…

P.R. No, no [risa]. A estas alturas ya no busco las oportunidades; aparecen solas. También es cierto que mi forma de pensar es que si lo va a afrontar otro, mejor lo hago yo. La verdad es que si se trata de una buena oportunidad, si un negocio me entra por el ojo, no me lo pienso demasiado. Y cuando tomo una decisión, lo hago con todas las consecuencias. Eso sí, una semana antes la neura y los nervios no me los quita nadie.

Lo que sí que ocurrió es que algunas buenas clientas de Plaza Norte 2, que se habían desplazado hasta Diversia, volvieron al abrir de nuevo en San Sebastián de los Reyes porque les quedaba más a mano. Y parte del equipo también regresó. Inaugurar así es otro mundo: con una responsable que ya ha trabajado contigo anteriormente y clientas que casi se puede decir que te estaban esperando.

N.F. Otra fase de cierta tranquilidad, entonces. Seguro que precediendo a la tempestad, por el hilo de tu relato…

P.R. Exacto: tuve un nuevo bache en el centro comercial Estación Príncipe Pío, en Madrid. Una clienta que tenía un contacto en la gerencia me lo recomendó vivamente, pero fue una verdadera locura: los números, que aparentemente salían en el papel, no sé cumplieron nunca. Y tampoco nos lo puso fácil: primero nos dijeron que podíamos colocar vinilos en el suelo para facilitar nuestra localización; después nos denegaron el permiso… Nos dimos de plazo un año, y lo dejamos antes. Y el caso es que me da un poco de rabia, porque estar en un sitio “pintón” siempre está bien, pero si resulta una pesadilla, o simplemente no te hace feliz, mejor olvídalo.

N.F. Corremos entonces un tupido velo, como escribía el clásico.

P.R. Eso es. Cada año me digo a mí misma, «venga, estos 12 meses próximos los vas a dedicar a consolidar». Pero después no lo cumplo nunca [risas].

De hecho, como el centro de La Condomina iba muy bien pensé en ampliar negocio e inaugurar en Murcia ciudad, en un local en el casco urbano, y emplear para ello el mobiliario que había desmontado en el Príncipe Pío de Madrid. Ahí aprendí, al tratarse de mi primer Nails Factory a pie de calle, que los locales son punto y aparte, porque te pueden surgir imprevistos por todas partes a nada que te descuides.

Así que mi quinto establecimiento lo abrí en pleno centro de Murcia. Y eso que la dueña, que era muy suya, quería a alguien que fuera natural de allí, y a mí, que soy madrileña, me dijo que no varias veces. Así que tuvimos que emplear el arma secreta de los franquiciados [risas]. Rito Naranjo viajó a Murcia, se vio con ella y el local fue nuestro antes de ponerse el sol: al lado de El Corte Inglés y de Zara. Y de ese modo podía conseguir que mucha clientela a la que La Condomina le pillaba a desmano viniese al nuevo centro. Al segundo mes ya tenía rentabilidad…

N.F. Momento idóneo para volver a buscarte líos…

P.R. El caso es que yo estaba en aquel momento dudando entre montar otro Nails Factory, o bien en Molina de Segura o bien en Alcantarilla, que después de Lorca y Cartagena son la cuarta y la quinta mayores poblaciones de Murcia. Porque me iba tan bien en Murcia capital que quería probar a cubrir también la provincia. Como dudaba, pregunté a mis técnicas sobre aquellas ciudades, y una de ellas ya me puso directamente en contacto con el dueño de un local genial en Alcantarilla. Al estar en aquella ciudad pude verlo, comprobar que estaba bien emplazado, que el alquiler era bueno… y casi me vuelvo a Madrid con la señal dada.

Y ya me planto, por ahora. Está inaugurado hace apenas seis meses, y el equipo que tengo en Murcia se complementa a la perfección.

N.F. Pues si no quedan odiseas de nuevas aperturas que contar tendrás que hablarnos de ti como emprendedora. ¿Qué hay de esa Pilar que no conozcamos y que se pueda contar en público?

P.R. No sé qué es lo que hago bien, pero lo cierto es que las cosas me funcionan. Soy de las que creen que, estés o no en una franquicia, tienes que arriesgar para ganar, porque si no, no te abres camino. Y si para arrancar un negocio tienes que empezar no ganando desde el principio, lo haces; porque si no asumes algún riesgo, no sales adelante.

En los negocios tienes que tener paciencia; con el personal y con los clientes. Yo respiro y cuento hasta diez antes de responder. Bueno, para ser sincera, siempre necesito un día para pensar, porque si respondes rápido corres el riesgo de precipitarte.

Y por concluir definiéndome, soy una ‘friki’ total. Me apasionan la Guerra de las Galaxias, Regreso al Futuro, ‘The Big Bang Theory’ y toda esa temática de ciencia ficción. De hecho, tengo una taza de desayuno con un guerrero imperial, y una reproducción de la mismísima Estrella de la Muerte.

 

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