Silvia Casado, franquiciada de dos espacios Nails Factory

Un blog sobre manicura. Un blog sobre manicura a base de esmaltes normales y corrientes. Un blog sobre manicura, eso sí puesto en marcha por una ingeniera informática, poco –por no decir nada– convencida de su futuro en el campo de las nuevas tecnologías. Silvia Casado sospechaba, al poco de cumplir su mayoría de edad, que debía de haber todo un mundo alrededor de la manicura y la pedicura esperando a que ella se decidiese a dar el paso. Así que esta madrileña de 26 años recién cumplidos –que a los 23 se convirtió en la franquiciada más joven de la marca–, comenzó a enviar su currículum «a todo aquel sitio de Internet en el que solicitasen expertas; como si yo lo fuese por entonces, cuando no era más que una usuaria avanzada, por así decir».

Y lo cierto es que Nails Factory fue la única que se puso en contacto con ella, un caluroso día de agosto. «Gracias a ello, fui a dar con Pilar Ruíz [franquiciada con siete espacios Nails Factory], con la que asimilé muchísimo cómo hay que llevar bien un negocio, después de haber aprendido precisamente cómo no debe hacerse».

N.F: A ver, a ver, eso último tienes que explicarlo más detenidamente.

S.C: Es sencillo. En realidad, mi primera noticia sobre Nails Factory me llegó gracias a una tía mía, que era clienta del centro ubicado en La Viña, y que me trajo un día un folleto contándome maravillas sobre la marca y el servicio. Como yo ya desde tercero de carrera me estaba planteando si estudiar otra cosa o hacer algo diferente con mi vida, en cuanto eché mi currículum y me llamaron realicé el curso de formación. Cada día me tenían casi echar para poder cerrar las instalaciones. Y enseguida me salió trabajo en el la galería comercial de Alcampo, en Moratalaz (Madrid).

Allí estuve trabajando, primero para otro franquiciado, y después para Pilar, hasta que tomé la decisión de abrir un centro por mi cuenta. Total, me dije, para volver a ser técnica, si la cosa no sale bien, siempre hay tiempo…

N.F: ¿Te llevó mucho tiempo, una vez tomada la decisión?

S.C: Fue más por un tema digamos inmobiliario. Unos locales por el alquiler excesivo que tenían; otros por los metros cuadrados, o por la disposición de los mismos, que no se adecuaban a los puestos que necesita un centro Nails Factory; y otros porque el emplazamiento no era exactamente el idóneo para que las clientas te encuentren con facilidad…

Lo cierto la situación se demoró se demoró unas semanas hasta que, de pronto, surgió la oportunidad de asumir la gestión de un estand ya en funcionamiento, situado en un centro comercial fuera de Madrid. No me asustaba la idea de cambiar de domicilio pero, por diversas circunstancias, la iniciativa no cuajó.

Lo que sí salió fue una oportunidad en la calle de Antonio López, en Usera. Un caso extraño, la verdad: un Nails Factory cuya franquiciada apenas lo había explotado durante nueve meses… Incluso aún no estaba construido el centro comercial Plaza Río 2 que han abierto justo enfrente.

 N.F: ¿La apertura de este gran espacio comercial te ha beneficiado o te ha perjudicado?

S.C: Creo que más bien lo primero, porque mientras que a las clientas y posibles clientas del barrio ya me conocían, la nueva superficie comercial me ha traído nuevas posibilidades. Y sí, es cierto que no estoy dentro mismo del centro, pero es casi como si lo estuviese, porque mi Nails Factory está justo enfrente de la entrada principal.

N.F: Habiendo realizado ya el curso de formación como técnica sólo te haría falta la parte digamos empresarial…

S.C: En efecto, aunque volví a formarme en ambas facetas. Puse, si acaso, más interés en la parte de gestión del negocio, que era en realidad la desconocida para mí –y la verdad es que cuando arrancas no sabes cómo gestionar todo: te apabulla un poco hasta que le coges el tranquillo– y recuerdo que aún me sorprendió cuando me explicaron, durante la formación, que el tiempo exacto que debe llevarle el acrílico a una técnica. Tú piensas ¿cómo es posible? Pero lo es. Y no solo eso, es que si vas acumulando retrasos, al final las cuentas no salen.

N.F: Dices que al principio hubo los nervios propios de la empresaria novata. ¿Ahora ya va todo bien?

S.C: Los primeros meses, casi diría el primer año, se hace duro. Cuidas a cada clienta como si se tratase de la última que va a entrar por la puerta. Cuesta. Ahora bien, ver que estás fidelizando a las clientas, y que empiezas a no tener ya huecos en la agenda semanal; ni siquiera a esas horas que nadie quería antes, la verdad es que te hace sentir muy orgullosa, muy satisfecha. Estás haciendo bien las cosas, y eso se nota.

N.F: ¿Qué dirías que es lo que más te ha llamado la atención del trato con el público?

S.C: Sin duda la variedad y la tipología de manos, de uñas y de clientas que existen. Y es que el hecho mismo de venir a hacerse la manicura es diferente para cada persona; por tu profesión, por el tipo de vida que llevas… Es muy entretenido trabajar sentada de cara al público, porque este negocio no consiste solo en cuidar las uñas; en realidad es el servicio y el trato.

La gente no va a Starbucks por el café, sino por la experiencia que la marca brinda alrededor del mismo. Y en nuestro caso es igual: si no haces que cada clienta se sienta a gusto con la experiencia que supone su paso por Nails Factory, aunque el servicio quede bien no va a volver. De ahí que sea tan importante detectar lo que quiere, lo que espera de ti: para tratar de satisfacerla y que regrese porque eres su centro o su técnica de referencia. Si logras esa conexión sabes que va a elegirte de nuevo.

N.F: Eso tendrás que transmitírselo a tus técnicas, a tu equipo, ¿no es cierto?

S.C: Por supuesto. Ellas forman parte de tu éxito, sin lugar a dudas. Ya he leído otras entrevistas y he visto que mis compañeras franquiciadas, sobre todo las que gestionan varios centros, dicen lo mismo, que el equipo es fundamental.

Lo bueno que tengo a mi favor es que yo he estado en su lugar, he trabajado en el puesto en el que están ellas ahora. Unas veces ellas te tienen que a aguantar a ti, y otras eres tú quien las tienes que aguantar a ellas. Se trata de fomentar el buen ambiente y el compañerismo, porque otra cosa no, pero lo contrario se nota y las clientas lo aprecian enseguida.

N.F: Bueno, pero no es tu caso. Decías que estabas muy a gusto en Usera, y que el negocio marcha bien. Tan bien que ya estás dispuesta a sacar otro adelante…

S.C: En Usera he cumplido tres años, y sí, la verdad es que lo estoy. Muy contenta. Y ahora comienza otra aventura diferente en el Paseo de Extremadura. Se trata también de otro centro franquiciado cuya propietaria quería dejarlo por lejanía con la población donde vive.

Y ahí estoy. De momento solo puedo decir que en Usera tengo muchas clientas y aquí tengo menos, he cambiado a todo el personal, es un local también a puerta de calle, y no un estand en centro comercial…

N.F: Y otro negocio ya en marcha que pasa a tus manos: ¿podría decirse que eres una “recuperadora”, alguien que levanta centros en los que a otras no les han ido bien las cosas?

S.C: Bueno, tal vez eso sea mucho decir. Todavía llevo menos de tres meses al frente, y a ver cómo me va con los dos centros; aunque espero que bien, la verdad. Y lo cierto es que no me cierro a nuevas aventuras empresariales, porque como no tengo excesivas obligaciones familiares se trata de un momento bueno para invertir y dedicarme a la administración, a la gerencia más que al día a día.

Aún así me gusta estar de cara al público. Primero porque, siendo práctica, me ahorro un sueldo. Pero además es que se trata de una actividad que me gusta, por eso llevaba mi propio blog, y tengo clientas desde hace tres años que piden que las atienda en persona.

N.F: ¿Qué consejo darías a la emprendedora que está en tu situación de hace tres años? Esto es, dándole vueltas a entrar en la cadena porque está aburrida de su trabajo, o de sus estudios…

S.C: Para la persona que esté pensando en abrir su propio Nails Factory mi consejo, si ha hecho sus cuentas y le salen, es que se lance. A ver, si cree que la estética y la belleza es lo que le gusta de verdad; y ojo, si le gusta trabajar, que lo que haces dé sus frutos. Porque si le gusta trabajar le van a ir bien las cosas, a poco que ponga de su parte: en la central están muy pendientes de cada centro, y te ayudan para que todo marche.

Eso sí, soy de las convencidas de que el ojo del amo engorda el caballo: si se va a meter ha de hacerlo a sabiendas de que el negocio no marcha solo.

N.F: Vamos a terminar contándoles a las/os lectoras/es del blog algo de la Silvia Casado persona, no tanto de la franquiciada de dos Nails Factory.

S.C: Pues a pesar de lo que pudiera parecer siendo estudiante de Ingeniería Informática me encanta el arte; me ha gustado siempre, en sus múltiples facetas. Por ejemplo, el tatuaje artístico. No me importaría incluso poner en marcha un centro de tatuaje. Aunque mientras no exista el don de la ubicuidad va a ser complicado llevar mis dos Nails Factory y meterme en nuevas aventuras.

Y como persona a la que le gusta el arte, en cine tengo la cartelera al día, y en literatura me apasiona la narrativa fantástica. Desde pequeña, cuando comencé a ver la serie manga Naruto, me gustan los cómics japoneses, el manga y el anime. Y la verdad es que no me importaría hacer un viaje a Japón para conocer esa cultura más de cerca.

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