Vanesa, gerente de dos franquicias Nails Factory

En este post os contamos la historia de Vanesa, propietaria de dos franquicias Nails Facory

Siendo muy joven, a los 15 años, nuestra entrevistada de hoy dejó la Comarca de Aliste, al noroeste de la provincia de Zamora y junto a la frontera con Portugal, donde había nacido, para viajar hasta Madrid en busca de trabajo. «Tuve la suerte de dar con una familia maravillosa, que me ayudó en todo: gracias a ellos soy lo que soy, y quiero agradecérselo desde aquí con este recuerdo».

Mientras cuidaba a la hija de este matrimonio, Alejandra, estudió peluquería y estética, puesto que desde pequeña era un tema que le interesaba. «Llegué a trabajar en uno de los salones de Carmen Madrigal, que es toda una institución en el mundo de la peluquería femenina». Hasta que, llegado el inicio de siglo vuelve a su Castilla y León natal, aunque esta vez a Valladolid, para fundar primero y después hacer crecer su propia familia.

Nails Factory (NF): ¿Una decisión meditada?

Vanesa Lorenzo (VL): En 2001 conocí a Juan, quien hoy es mi marido, y me volví con él a Valladolid puesto que se hacía cargo de la empresa de transportes de su familia. Pero en 2003 abrí mi propia peluquería, que estuve regentado no pocos años, y con la que me iba muy bien porque tenía muchísimo trabajo.

En provincias se vive más tranquilo, y al mediodía la gente aprovecha para ir a comer a casa. No era mi caso: estando ya embarazada de mi primer hijo, me dedicaba a repartir publicidad de la peluquería. Soy una firme creyente de que el trabajo dignifica a las personas. Algo que por desgracia hoy en día ya no está en boga…

Incluso aprovechaba algunos mediodías para acercarme a arreglar el pelo a los residentes de un centro de la tercera edad próximo. Y es que venía de un mundo laboral, el de Madrid, que imbuye un estrés adicional.

NF: ¿Cómo llegaste hasta Nails Factory?

VL: En ese nivel de actividad, me quedé embarazada de mi segundo hijo, y ya no era posible compaginar mi actividad laboral con el cuidado de mi familia. Además, la exigencia de las clientas tampoco me permitía dar prioridad a los míos.

De forma que no me compensaba estar todo el día en el trabajo, y tener a penas un rato para verles. Así que decidí darme un periodo de impás. Y mientras, para satisfacer, el gusanillo profesional, ayudaba a Juan. Pero era algo que no me llenaba. A mi me gusta el contacto con la gente, y tramitar papeles es otra cosa…

NF: Buscaste entonces algo más relacionado con la estética, ¿verdad?

VL: Claro. Buscaba algún tipo de franquicia relacionada con la belleza. Pero me daba cuenta de que, a pesar de haber muchas y muy diferentes, algunas no sabían ni de qué estaban hablando cuando contrastaba mi experiencia en la peluquería con lo que contaban sus responsables. Y eso que hablaban sobre su propio concepto de negocio.

En esas, contacté con la central de Nails Factory. En seguida se puso en contacto conmigo el departamento de Expansión. En concreto fue Rito Naranjo quien me comentó que dado que en Valladolid no se podía al haber ya presencia de la marca, por qué no me planteaba abrir mi centro en Zamora. Y en cuanto me di cuenta de que, a pesar de no ser de allí, tanto él como su delicioso compañero Enrique –a quien desde aquí quiero también recordar por su humanidad y su profesionalidad– se lo conocían al dedillo, vi que Nails Factory era una marca profesional que sabía lo que se traía entre manos.

Esa sensación ya no me ha abandonado en ningún momento, pues cada vez que trato con alguien de la central recibo un trato excelente. Eso me indujo a querer conocer en persona a los jefes, algo que no me sucedió en otras marcas: los miembros del equipo no me motivaban para conocer a sus superiores…

NF: Tomaste entonces la decisión de aceptar el consejo e inaugurar en Zamora…

VL: Vinieron hasta tres veces a Zamora a ver posibles emplazamientos, pero ninguno de los locales se plegaba a lo necesario. Y ni ellos ni yo teníamos necesidad de abrir por abrir. La ubicación es importantísima en un negocio de estas características.

Por suerte, y estando de visita unas amigas madrileñas –recuerdo perfectamente que se trataba de un 29 de junio, festividad de San Pedro, porque eran las fiestas patronales– di con el local perfecto: al lado de la Plaza Mayor. Expansión dijo que era adecuado, a pesar de que necesitaba bastante reforma. Y la verdad es que costaba imaginarse allí un centro Nails Factory. Era más bien alargado, a pesar de lo cual, el departamento de arquitectura lo dejó perfecto.

En el ínterin acompañé a las chicas que iban a ser mis técnicas a Madrid, para la formación. Ellas y yo debíamos de asistir a los cursos. En la formación ves más o menos cómo se manejan, pues necesitas encontrar personas responsables. La marca tiene tan estandarizado el concepto que si ellas cumplen bien todo marcha sobre ruedas.

Por mi parte, aunque ya tenía nociones de estética y ya había sido dueña de mi propio negocio, necesitaba empaparme del saber hacer de Nails Factory. Por ejemplo, me gusta saber cómo se realiza un sellado perfecto para saber si se lo están haciendo bien a mis clientas.

NF: Y llega el momento de inaugurar… ¿Muchos nervios?

VL: Trabajamos mucho para la apertura, que tuvo lugar el 16 de octubre de 2017. Y sí, vivimos esos nervios, que similares a los de tu primer hijo; cuando crees que no tienes ni idea de establecer bien los turnos, los horarios, etcétera. Pero como soy muy atrevida contraté un catering magnífico e invité a medio Zamora.

Y tanto el día de la inauguración como ya las fechas posteriores lo tuvimos lleno de clientas, porque en las jornadas previas había estado cerrando citas.

NF: ¿Echabas de menos esa parte de puesta en marcha? Porque en menos de un año ya estabas abriendo el centro de Valladolid…

Once meses después, y aunque lógicamente el centro anterior aún no estaba ni mucho menos amortizado ya le daba de nuevo vueltas con abrir en Valladolid. Es cuestión de constancia, y aunque Zamora está muy bien, con sus 62.000 habitantes, Valladolid tiene cinco veces más población y por lo tanto un abanico más amplio de público.

Así que pensé que si me iba bien con mi centro, –ojo, que si no hubiese estado encantada, no hubiese dado el paso– aquí me iba a ir mejor. Además, no era un local, sino el local con mayúsculas.

NF: Bueno, pero si confías en el sistema de franquicia es porque considera que las franquiciadas sois las que vais a llevar a la práctica ese saber hacer, ¿no crees?

VL: Correcto, aunque su producto es tan bueno, y su sistema, la higiene, los detalles… Está todo tan bien pensado, que solo se puede fallar precisamente a la hora de aplicar el servicio. Por eso siempre les digo a las técnicas que cada detalle cuenta, y que cuando tengan que hacerse las uñas, lo hagan como si fuesen clientas unas de otras, para que de ese modo aprecien los detalles al ponerse en la piel de quienes pagan. Ponerte en el lugar de otro te ayuda a comprender su punto de vista, y enriquece el tuyo.

De todos modos, me gusta tener una reunión con ellas al menos una vez al mes para escucharlas y ver cómo podemos mejorar. Y por supuesto hablo con todas las clientas que no quedan satisfechas al 100%. Es mi forma de hacer las cosas.

NF: ¿Qué te ha aportado el saber hacer de Nails Factory que no trajeses como experiencia previa al frente de tu propia peluquería?

VL: Muchas cosas, la verdad. Por mi parte, sabía bien cómo era necesario llevar a las empleadas. He aprendido, por ejemplo, el tiempo que debe dedicarse a cada clienta. En realidad, vienen a nuestro centro buscando tres cosas: rapidez, calidad y precio. Quieren acabar lo antes posible, que emplees productos que no hagan sufrir la uña natural, y que lo que paguen por el servicio les posibilite permitírselo un par de veces al mes.

También he aprendido la importancia del marketing, de las promociones… Cuando estás tú sola no puedes estar en todo. Pero en Nails Factory hay un equipo detrás trabajando para que nuestra imagen de marca sea cada vez más conocida. Y aquí, por hacer una tercera mención personal, quería señalar a Javier López, que nos sufre y nos aguanta a todas las franquiciadas, y sabe aconsejarnos en cada ocasión lo más conveniente.

Y de Yolanda Beltrán, en concreto, he aprendido a no ser vehemente y plegarme a los consejos de quien sabe más que una.

NF: En esta segunda inauguración ya no habría tantos nervios como en la primera, ¿no es cierto?

VL: Siempre hay un poco de nervios en una inauguración. Porque, aunque ya lo tienes todo más claro, no sabes cómo van a responder las clientas. Además, no era el primer local Nails Factory de Valladolid, y eso siempre es un reto mayor.

Pero no creas, que ya estoy dándole vueltas, aunque lejanas, a una tercera inauguración. Porque una vez que tienes dos centros en marcha, conoces la mecánica y alcanzas esas economías de escala de las que hablan los economistas.

Por ejemplo, a mí me ha costado dar con las técnicas adecuadas; aunque ahora estoy muy satisfecha ya con las actuales. También conozco bien a las clientas. De hecho, me consta que las de Zamora y Valladolid, a pesar de distar a penas 90 kilómetros entre ambos centros, son muy diferentes. En Valladolid tienen un ritmo mas similar al de Madrid, salvando las distancias. En Zamora son de las de café, bombones y a echar la mañana en su Nails Factory.

NF: Para terminar, háblanos de ti, de tus aficiones y tus gustos fuera del trabajo.

VL: Puede sonar ñoño, pero me apasiona mi familia, mis hijos. Tienen 10 y 7 años y a pesar de que sé que pronto no querrán una madre “pegajosa” aún disfruto mucho con ellos. Acabamos de ver juntos Padre No Hay Más que Uno, y la verdad es que lo pasamos genial cuando vamos a ver comedias familiares o películas de dibujos tipo Pixar.

Me gusta hacer deporte: correr, yoga, incluso caminar. Aunque sea sola ¿eh? Si una amiga me llama para hacer algo, mejor que sea para salir a caminar que para ir a tomar algo.

Y como no puede haber un cuerpo sano sin una mente sana, me gusta también leer: ahora estoy con Rafael Santandreu y su El Arte de no Amargarse la Vida, que son claves para entender el cambio psicológico y la transformación personal.

 

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