Nina Villalba gerente de tres franquicias de Nails Factory

Nina Villalba gerente de tres franquicias de Nails Factory

Una cierta sensación de monotonía, después de dos décadas trabajando en los servicios centrales de una conocida caja de ahorros, y la necesidad de poder organizar sus horarios con mayor libertad, llevaron a Nina Villalba a plantearse poner en marcha su propio negocio.

Un lustro después, esta emprendedora es propietaria de tres Nails Factory: en los centros comerciales Tres Aguas, en Alcorcón, y The Style Outlet-Nassica, en Getafe (ambas poblaciones en la Comunidad de Madrid) y Alcampo Alboraya, en Valencia. «Para poner un centro en la calle tendría que ‘enamorarme’ de la ubicación, y que además ésta reuniese unas condiciones muy precisas; y eso no va a suceder con facilidad».

Nails Factory (NF): Es decir, que tu próxima apertura ¿seguirá siendo en un centro comercial?

Nina Villalba (NV): Hablar de mi siguiente Nails Factory es aún un poco prematuro, teniendo en cuenta que el de Alboraya lleva aún menos de un año en funcionamiento.

Aunque es cierto que no descarto un cuarto centro, pero más adelante.

 NF: ¿Cuándo y cómo decidiste convertirte en empresaria por cuenta propia?

NV: Pues realmente provengo del mundo de la banca, en concreto de la parte de canales y más tarde de Internet. Es decir, nada que ver con el mundo de la estética. Buscaba organizar un poco “mis tiempos”, disponer de la posibilidad de dedicarle más atención a mis hijas pequeñas.

Pero no tenía ningún referente en mi familia, en lo que al comercio minorista se refiere. Todos han sido siempre muy trabajadores, pero ninguno había tenido una tienda de cara al público.

Y se da la circunstancia de que, como clienta habitual, pasaba como poco una vez al mes por un centro Nails Factory. Así que me dije, ¿por qué no? Y aquí estoy.

NF: Era una decisión importante en tu vida. ¿Te costó tomarla?

NV: Por supuesto. Mi marido, que tiene su propia empresa, supo aconsejarme sobre lo que debía valorar, y ahora, echando la vista atrás, creo que sin su ayuda no me hubiera atrevido. Porque llevaba casi dos décadas asalariada, y aunque quería un cambio en mi vida estaba en cierto modo “acomodada”. Su apoyo fue fundamental.

NF: Y elegiste Nails Factory…

NV: Sí, al fin y al cabo, en 2013 el sector estaba realmente eclosionando, así que era el momento adecuado. Hice un estudio de mercado en el que, por supuesto, estudié otras 3 ó 4 marcas, y me decanté por Nails Factory porque la inversión es asequible, y está todo muy controlado. Además, del modelo de negocio, me gustó el precio final del servicio, pues me parece que la relación calidad/precio es muy buena para la clienta.

Aun así he de decir que mi entrevista con Yolanda Beltrán en Expofranquicia me transmitió muy buenas sensaciones. Había hecho mi proyecto de negocio, pero aunque pueda sonar un poco manido, tiene que haber un plus final, algo que te dé esa motivación extra, y esa entrevista con Yolanda lo fue.

NF: ¿Qué tiempo transcurrió entre que tomases la decisión y abrieses tu primer estand, en Tres Aguas?

NV: Desde que comencé a sopesar la idea hasta el día de la apertura transcurrieron cerca de nueve meses, porque no quería compaginar el preparar la salida de mi anterior trabajo y, estando todavía allí, ocuparme del nuevo: si montas un negocio desde cero has de tener una dedicación total; resetear tu cabeza y recomenzar, y yo estaba tramitando la salida del banco, que llevaba su correspondiente periodo de tiempo.

Quería inaugurar en el centro comercial Tres Aguas porque era una de mis primeras opciones, y cuando Rito Naranjo se reunió con la gerencia del Centro, consiguió unas condiciones adecuadas. Y deseaba específicamente un centro comercial para asegurarme un flujo de clientas suficiente.

NF: Buscabas entonces seguridad: una franquicia, un centro comercial…

NV: En efecto: venía de ser una asalariada, con todas sus consecuencias. Así que precisaba ciertas garantías o de lo contrario me hubiese sido imposible atreverme. Lo que tienen los centros comerciales es que la gente acude a ellos con mentalidad de consumir, y además el quiosco te da una enorme visibilidad, de la que en mi opinión carece la calle.

Y sí, me sentía más segura, más arropada con una franquicia, porque todo viene de algún modo “empaquetado”, porque cuentas con un ‘know-how’ ya rodado y que ha demostrado ser exitoso…

NF: ¿Qué recuerdas de tu periodo de formación? Estarías expectante…

NV: La verdad es que la formación fue muy, muy completa, sobre todo en la parte técnica, de servicio; la del negocio no estaba aún tan desarrollada como ahora, cuando he puesto en marcha más centros. Y conté desde el principio con un apoyo total por parte de Amaya Domínguez. Todos los departamentos de la central me ayudaron, pero ella lo hizo en un asunto clave, como es la selección de personal. Y la verdad es que lo agradeces, porque tú no sabes realmente qué cualidades valorar durante la entrevista con una candidata.

En la central están siempre al teléfono para solventarte cualquier incidencia, porque tienen la experiencia necesaria de haberse ocupado del día a día de muchos centros iguales al tuyo.

NF: ¿Muchos nervios, en tu primera inauguración?

NV: Enormes, sobre todo en los días previos a la apertura; como si eso te asegurase el resultado… Lo cierto es que soy muy metódica y detallista, y hasta que no está todo conforme a mis exigencias no paro. De hecho, podría parecer un contrasentido que montase mi propio negocio para tener más tiempo libre, y sin embargo al principio fue más bien todo lo contrario: como quería estar muy encima acababa dedicándole horas y horas. Hasta que aprendes a confiar en tu equipo.

NF: Ahora estás satisfecha con tus técnicas…

NV: Mucho. A ver, nadie que lleve un centro puede negar que el personal –que es “tu cara” delante de las clientas– es muy importante dentro de este negocio. Por fortuna, y no sin esfuerzo, yo estoy encantada con mi equipo actual, porque hemos logrado llegar a funcionar con un método en el que yo marco las directrices generales y ellas las aplican, adaptándolas al día a día con las clientas.

Hay que tener en cuenta que en Tres Aguas son entre 6 y 7 técnicas, más otras 4 ó 5 en Nassica, las de Alboraya… Si no estás en sincronía con ellas, mal asunto.

NF: El estand del centro comercial Nassica fue tu segundo Nails Factory. Ya más tranquila, porque todo estaría controlado, ¿verdad?

NV: En julio de 2015 inauguramos en Getafe. Era una petición mía a la central: que en cuanto fuese todo bien en Alcorcón, y antes de acomodarme, de sentirme satisfecha con una sola apertura, deseaba llevar a cabo otra inauguración en cuanto estuviese disponible un espacio en el centro comercial The Style Outlet-Nassica. Y la verdad es que todo fue sobre ruedas. Lo bueno de una segunda apertura, o de las siguientes, es que tú ya acumulas una cierta experiencia y la central tiene claro lo que deseas. Hay una sintonía que no recordabas en la primera ocasión, tal vez porque tú misma estabas demasiado preocupada como para tomar una distancia que sí aplicas después, cuando sabes que todo va a ir bien. En esto, como en todo, la experiencia es un grado.

Pero eso tampoco significa despreocuparse: cada centro comercial tiene su casuística, porque se trata de tipos de público heterogéneos, de flujos de horarios comerciales diferentes según donde estén ubicados…

NF: Profundicemos un poco en el ‘toque Nina’. ¿Cuál crees que es el ingrediente clave del éxito de tus centros?

NV: Una de las claves de este negocio, no de mis centros, sino de los de toda la cadena, es conseguir fidelizar a la clientela. Al final, una técnica y un acabado maravillosos, en teoría los puede conseguir cualquiera; pero en Nails Factory aportamos una calidad de producto inigualable, un trato, una cierta familiaridad, de lo más agradable, que hace que las clientas vengan a pasar un buen rato; un orden y una limpieza impecables…

Al final, el boca a boca es nuestra mejor publicidad; aunque también es cierto que es más lenta que otras, resulta muy importante: porque quien viene a tu centro por el hecho de que alguien se lo ha recomendado vivamente, tiene referencias, y por lo tanto está más predispuesta a pasarlo bien, a quedar encantada… y a repetir.

NF: Y como cada dos años toca apertura, llega Alboraya…

NV: Para el tercer centro yo seguía queriendo Madrid, pero en la capital empieza a resultar complicado abrir por el número de centros existentes. Así que empecé a pensar, con mi socio, mi marido, por qué no “en la playa”, donde todo son ventajas: la temporada alta dura más, tiene un público con mezcla de turistas que están en España con esa mentalidad de consumo que da el estar de vacaciones… Además, ahora, con la alta velocidad ferroviaria es fácil plantarse allí en poco tiempo.

Así que cuando surgió la posibilidad del Alcampo de Alboraya, y la central nos lo propuso, vimos el sitio y nos lanzamos. Porque aunque va un poco en contra de mis principios, de controlarlo todo al milímetro, ahora veo las cosas con más distancia y considero que se puede gestionar perfectamente el negocio de forma diferente. Y ahí estamos: vamos poquito a poco, empezando aún la temporada, pero creciendo; digamos que estamos sembrando para recoger más adelante.

NF: ¿Dirías que después de inaugurar a más de 300 kilómetros, y llevar el centro desde aquí, algo ha cambiado en tu forma de entender del negocio?

NV: Sin duda ha sido un punto de inflexión en lo que a mi forma de gestión se refiere. Intentamos ir con frecuencia, pero no podemos estar todo el tiempo que nos gustaría, ya que no vivimos allí. En todo caso, también hay que tener en cuenta que, a través de los medios tecnológicos actuales se puede controlar el negocio sin problema.

La gestión de las incidencias es muy importante; gestionar bien las situaciones que se producen, de manera adecuada para encontrar la mejor de las soluciones, es todo un desafío. Es el verdadero aprendizaje, lo que te da la experiencia para ir afrontando nuevos retos.

En mis Nails Factory hay muy buen ambiente. La clave es que tratamos a las clientas –e incluyo a mis equipos, porque es la directriz que les he trasladado– ni más ni menos que como a nosotras nos gustaría que nos tratasen, y en esa confianza mutua se establece una gran relación. Le pido a mi equipo que haga precisamente eso, trabajar “en equipo” y que resuelvan las cosas “en equipo”. Y ellas responden genial.

NF: Tendrás entonces poca rotación de personal, que es uno de los asuntos que más influye a la hora de fidelizar a la clientela…

NV: Bueno, supongo que no tanta, porque buscamos que nuestras empleadas estén contentas, y que eso se traslade a su trabajo.

Incluso algunas técnicas que se han marchado, han vuelto a trabajar con nosotros. Entendemos que todo el mundo tiene derecho a progresar, a buscar cómo puede mejorar en la vida, y sabemos que trabajar sábados y domingos no es del gusto de todo el mundo. Por eso yo siempre digo que no se deben cerrar puertas; aunque estudies otras oportunidades, déjala abierta por si has de regresar.

NF: ¿Y tienes visitas de candidatos, que están sopesando entrar a formar parte de Nails Factory? ¿Qué les aconsejas?

Vienen bastantes, la verdad. Y a todos les digo lo mismo: lo primero, que hay que “hacer números”, y no dejarse llevar por el hecho de que un sábado el quiosco de Nails Factory estaba siempre lleno; y lo segundo, que hay que trabajar en firme, estar pendiente, al pie del cañón.

También les digo que lo mejor es que expliquen claramente a la central su idea y sus circunstancias.

NF: Para terminar, ¿qué puedes contarnos sobre ti, para que vayámonos conociendo un poco más entre todos los miembros de Nails Factory?

NV: En cuanto a mi vida fuera de aquí, mis aficiones y gustos personales, destacaría el hecho de que estoy estudiando de nuevo. Me hacía mucha ilusión cursar Psicología, y lo estoy haciendo a distancia. Ya veremos.

Tal y como buscaba, cuando puse en marcha mi propio negocio, dedico más tiempo a los míos, a mi marido y a mis dos hijas, que están creciendo y me necesitan, y a los amigos. Hago algo de deporte cuando me lo permite la agenda, y viajamos en familia siempre que podemos escaparnos.

Algo que me ha sorprendido de pasar de un departamento lleno de ordenadores a estar detrás de un mostrador, de cara al público, es la enorme variedad de clientes que hay, y los gustos y colores que tiene cada uno. Todas las opiniones son respetables, y resulta muy enriquecedor conocer a mucha gente distinta.