Beneficios del yoga para las manos

Beneficios del yoga para las manos

¿Conoces los beneficios del yoga para las manos?

Escribir en el teclado, manejar el móvil, conducir, cocinar… nuestras rutinas cotidianas pueden pasarle factura a nuestras manos. Y es que, con 27 articulaciones, 34 músculos, cientos de ligamentos y tendones… estas extremidades del cuerpo humano resultan bastante vulnerables frente a las lesiones. De ahí la importancia de que les prestemos la atención que se merecen y las cuidemos correctamente.

Hoy vamos a hablar de varias técnicas y ejercicios que podemos realizar para mantenerlas sanas y flexibles. Entre ellas encontramos los ‘mudras’, conocido como el yoga de manos, aunque en realidad se trata de posiciones o gestos que se emplean durante la realización de diversas secuencias de yoga.

Origen ancestral, uso actual

Entre los que lo practican, existe la creencia de que cada dedo representa uno de los cinco elementos (aire, fuego, agua, tierra y ‘akasha’ o éter), que también forman parte del cuerpo. Así, cuando el dedo que simboliza un elemento particular se pone en contacto con el pulgar, ese elemento se equilibra, creando un efecto estabilizador en todo el cuerpo.

Dejando a un lado los aspectos más o menos filosóficos, también encontramos ejercicios que mejoran efectivamente la circulación de la sangre, lo que ayuda a reducir la tensión y el agotamiento, así como la inflamación. Por otro lado, pueden servir como técnicas de relajación.

Además, la práctica regular de ejercicio aporta todo tipo de ventajas a nuestro cuerpo, y en particular el yoga nos anima a hacerlo de forma que resulte cómodo, y a no llegar a la barrera del dolor.

5 ejercicios de yoga de manos

Veamos entonces algunas técnicas de yoga para hacer en casa y mejorar la salud de nuestras manos.

  1. Figura del ocho

– Junta las manos hacia el frente, entrecruzando los dedos, y pega los codos a los laterales del cuerpo.

– Gira las muñecas a la vez que mueves las manos haciendo una forma de ocho tumbado (∞), de tal forma que se alternen quedando una por encima de la otra.

– Realiza el movimiento durante unos 10 segundos, descansa y luego repite otra vez.

 

  1. Alas del águila

– Extiende los brazos hacia el frente, paralelos al suelo.

– Cruza el brazo derecho por encima del izquierdo y dobla los codos.

– Mueve el codo derecho sobre la flexura (hueco) del izquierdo haciendo que los dorsos de las palmas estén pegados.

– Desplaza la mano derecha por detrás de la izquierda, haciendo tocar el pulgar derecho con el meñique izquierdo, hasta juntar las palmas. En este punto, habrás realizado un “doble cruce” de brazos.

– Presiona las palmas, mueve los codos hacia arriba y estira los dedos, apuntando hacia el techo. Intenta no subir los hombros mientras lo haces.

– Mantén la posición durante 15 a 30 segundos y repite cambiando el orden de los brazos.

 

  1. Extensión sobre la cabeza

– Estando en posición sentada, extiende los brazos sobre la cabeza.

– Junta las palmas y entrecruza los dedos.

– Manteniendo los dedos juntos, gira los brazos hasta colocar las palmas mirando al techo. Puedes doblar los codos ligeramente o conservar los brazos rectos.

– Sostén la posición entre 10 y 20 segundos, baja los brazos y repite.

 

  1. Extensión de brazos con respiración kapalbhati

– Sitúa los brazos perpendiculares al cuerpo.

– Dobla los codos y mueve las manos sobre los hombros.

– En esta posición hay que realizar los movimientos de respiración ‘kapalbhati’. Estos consisten en inhalar primero lentamente por la nariz, y después exhalar el aire de forma rápida, a la vez que contraemos el abdomen. Eso sí, no hay que hacerlo con mucha intensidad para evitar posibles mareos.

– Cada vez que exhalamos, abrimos los codos.

– Realiza un ciclo de, al menos, 20 respiraciones completas.

 

  1. Estiramiento de dedos y muñecas

– Estando en posición sentada, extiende los brazos hacia el frente.

– Aprieta las manos en forma de puño doblando los dedos sobre el pulgar.

– Abre la mano y extiende todos los dedos.

– Repite 10 veces, controlando la respiración de forma que la inhalación se produzca al cerrar el puño y la exhalación al abrirlo.

– Con los brazos aún hacia el frente, coloca las palmas de la mano mirando al suelo.

– Gira las muñecas, apuntando con los dedos al techo. Después, hacia el suelo.

– Repite otras 10 veces; en este caso, tomamos aire al apuntar hacia el techo y lo expulsamos al apuntar hacia el suelo.

Si seguimos estas prácticas con cuidado, conseguiremos mantener nuestras manos de forma óptima. Pero además, también fortaleceremos los antebrazos, la parte superior de los brazos y los hombros.